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Querer agradar



Amazona, de Adriana Bustos



No me preguntes “¿cómo te gusta?” Si te lo dijera, me privaría de los posibles descubrimientos que se dan en el encuentro y que constituyen la gracia de lo otro.


Por otro lado, preguntar a la otra persona qué le gusta presupone algunas cosas: que lo sabe, que puede expresarlo, que es invariable, que el orden de los factores no altera el producto (el chocolate me encanta, pero si me lo regalás un lunes esperaré pacientemente hasta el sábado para darle el primer mordisco).


Cada vez más valorizo cuando alguien no se rige por lo que me gusta, cuando ni siquiera se lo pregunta. Querer agradar puede ser un tobogán hacia el autodesconocimiento.


Es también un grillete si da por sentada una reciprocidad que no se estableció. Qué gran encuentro se produce con los seres y las cosas que nos agradan sin hacer nada para ello, muchas veces sin conciencia de nuestra existencia.


Entonces, ¿por qué sonreír? Por brindar ese gozo de la piel hacia fuera y de la piel hacia adentro, sin especulaciones.


“La elegancia del comportamiento no se ejerce para el otro que la recibe sino para el propio que la cultiva”. DeRose.

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