Qué es lo que es un fin en sí mismo




Unas puertas batientes dejan entrever de a ratos la pregunta: qué es lo que es un fin en sí mismo. Lo que espero que llegue, lo que no es una mediación. Todo lo que sirve a esos fines se inscribe dentro del sentido. Pero ¿cuándo pensar en estas cosas? Pasamos poco tiempo en soledad.

Corremos hacia atrás, sin ver lo que viene. ¿Nos movemos o es el paisaje? Sin duda hay una permanencia que es nuestra, una continuidad en el instante siguiente. Hay rasgos que nos acompañan. A veces deseamos deshacernos de esa continuidad como quien se saca un traje, emerger con otro cuerpo como la crisálida y que no haya vuelta atrás. Y para eso pedimos certezas, acudimos a una pitonisa.

No todos los cuerpos soportan un atravesamiento tal como lo hace la pitonisa. Después de eso queda exhausta por días, tomando agua a sorbos mientras permanece ladeada en su lecho precario. La salva su soledad —palabra difícil de despojar de sus connotaciones melancólicas, que en nuestro mundo suscita compasión y que, por el contrario, es el alimento insoslayable de cualquier oráculo—.

La potencia de ese mensaje cifrado está en la transformación que promueve. Ahí está la posibilidad de hacer un alto en la continuidad, de irrumpir con nuevas cualidades, un nacimiento segundo o enésimo. Pero…

Nos acercamos a la Pythia corriendo de espaldas y anhelamos que nos dé vuelta, que nos encare a la ruta por venir; no obstante, ella nos hace girar como un trompo y nos deja más mareadas que cuando llegamos, ahora ni siquiera sabemos qué es atrás y adelante.

Yo os digo: es preciso tener todavía caos dentro de sí para poder dar a luz una estrella

danzarina. Friedrich Nietzsche.