"Por lo que yo te quiero" (el Potro)


Kirito el espadachín



En tu mundo no había árboles ni duendes, sólo lluvias de glifosato y formas de morir bien. Llegué desde otro universo, aunque no había tantas diferencias. Me encontré muy a gusto orbitando sin alunizar. De vez en cuando nos escribíamos con brevedad telegráfica.

Un día hice algo que no te gustó nada. Me mandaste una tormenta eléctrica y resistí como pude, entendiendo que mi estoicismo sería suficiente para reconquistarte. Volví a la carga, esta vez con declaradas buenas intenciones. Fue un desastre. Meteoritos. En tu lengua espadachina hecha de pura cabeza me hiciste llegar las estocadas mortales, me mandaste a reflexionar o por lo menos a dejar de molestarte. Estuve todos los días aplicándome a la tarea, intentando ponerme en tu lugar, pero no entendí nada. Tuve que alejarme por unos días de tu galaxia para lamerme las heridas.

Hace poco volví a orbitar a esa distancia de anonimato que las redes sociales saben propiciar. Hay mucho espacio entre nosotras, que me prometí no volver a franquear, aunque mi fortaleza me permita prescindir del orgullo y cada tanto me den ganas de escribirte. Pero ahora mi estoicismo está apuntado a no cometer más errores.

¿Cuánto pueden durar unos brazos abiertos al vacío, un dar la otra mejilla? Depende de cuánto valga ese mundo ajeno, supongo, hay que averiguarlo. Aprendí algo en este tiempo: puedo quererte sin que me quieras.