Notas de viaje


La luz en el esqueleto del Partenón



El celular sin señal ni internet llega a ser completamente inofensivo. Tiene cierta vida, sobre todo si se la infundimos cargándole contenidos o configurando alarmas. Pero es más parecido a un cuaderno con recursos que a ese ser demandante y celoso de quien ya no somos capaces de prescindir.

Escuché una historia de alguien que se acostaba con uno y se despertaba con otro; pensé que era mitología griega pero no, eran dos amigas hablando de sus vidas.

En los lugares donde me estoy quedando nadie viaja solo.

Los locales tratan de hablar lo menos posibles con los turistas. Los entiendo. A mí tampoco me atraen los demás turistas. Creo que en general, a los turistas tampoco les gustan los turistas. O sea que esto es realmente solitario.

Teseo va ajusticiando a los “malvados”. Es un héroe más moderno que Aquiles u otros menos morales. Como es hijo de Egeo y otra mujer, Medea intenta eliminarlo antes de que Egeo lo reconozca -Egeo, como tantos padres en los mitos de la antigüedad, no tenía idea de todos los retoños que iba dejando por ahí-. Pero Egeo se entera de su descendencia ilustre, y se hacen festejos. Medea es representante de un orden arcaico y extranjero a Atenas, Teseo es el héroe perfecto para el Ática patriarcal.

Antes de subir a la Acrópolis contemplamos a la gente que está ahí arriba, chiquita, y queremos estar ahí. Cuando subimos, miramos a quienes están abajo, en su pequeñez, y queremos bajar.

Lo más hermoso del Partenón, que es cómo juega el sol entre las columnas, antes no debía suceder, cuando estaba entero como una mole de mármol.

Desde el sur de Creta, vi el mar rodando literalmente, las olas rizadas en toda la superficie del agua, no solo cerca de la orilla. Las más altas eran deshilachadas por un viento salvaje y transformadas en un vapor frío que se veía como humo en la lejanía y se sentía como rocío helado que azotaba en ráfagas la piel. Esta bruma venía cargada de arena gruesa, por lo que no muchas personas soportaban el espectáculo del atardecer en la playa.

También se viaja para reconfirmar si se tiene la mejor vida posible. Pero en rigor esa confirmación es imposible.