Mutación


Collage de Une semaine de bonté, de Max Ernst



Caminar por el parque. Silencio en una ciudad nuevamente desierta. Personas muriendo.

Mi vida continuando, como un animal que renguea, que no se detiene a pensar.

En estos días me pregunto cuál es la forma de encajar menos, y menos, y menos… dentro de esta naturalidad de virus, violencias, opresiones y amarres emocionales.

Qué vínculos alimento. Qué relaciones laborales dinamito o promuevo. Qué espacios de improductividad pueden anidar en mi rutina. A quiénes consumo al comer, al beber, al consumir. Sobre todo, qué alianzas precisa una revolución sutil.

Qué potentes pero discretas subversiones proliferan a partir de cada encuentro, si la idea fija no me abandona. “Discretas” no es “tímidas”, es casi lo opuesto: mientras que la timidez es víctima de las circunstancias, náufraga en medio de la tormenta, la discreción es una elección a priori, como una estaca a la que podés aferrarte para perdurar. Casi que cuando todo pase, en el recuento final de pérdidas y ganancias, vamos a encontrarla ahí, sobreviviente y, además, salvadora.

Lluvia flotando en el aire, gotas ínfimas que vuelan en todas direcciones. Una quemazón por dentro. La necesidad de que me crezcan esporas, antenas, nuevas gargantas y estómagos para deglutir y digerir lo que antes no podía llamar nutrientes.