Instrucciones para construir mi lugar


Vertical constellation with yellow bone, de Alexander Calder


De quienes lo integran: personas que hayan remado juntas en una misma dirección, por el tiempo suficiente como para dar espacio a los desencuentros. Que hayan vivido situaciones conflictivas y que las hayan resuelto. Que sientan que el vínculo supera las ganas momentáneas, que creó pátina. Pero también las que tengan apenas un punto de contacto con alguna de las que ya son parte, aunque extrañas para las demás.

De los roles: cada quien puede aportar con sus talentos y obsesiones, con sus puedo y sus quiero a la construcción del proyecto. Eventualmente algunas personas precisarán adquirir habilidades que nunca en su vida habían imaginado necesitar —tal vez habilidades por ausencia, como la capacidad de no hacer nada, de ceder la iniciativa o de esperar los acontecimientos sin desesperar—.

De las actividades: toda tarea encierra un juego, todo juego encierra una conciencia del entorno.

De los besos y abrazos: quienes protagonicen escenas de afecto en público deberán saber que será lícito frenar la marcha para contemplarlas.

De los hábitos: un declive hacia ciertas formas de conducta no impide que alguien se disponga a subir la pendiente en vez de dejarse llevar. Esto eventualmente puede demandar ajustes en el grupo, que tiende a moverse como manada, para aprender a dejar ser.

De las reglas: cuanto menos reglas, mejor. La descripción de la infracción la crea, le pone una etiqueta y habilita el castigo. La lógica infracción-castigo podrá ser disuelta eventualmente, llegando a otras asociaciones —infracción-reeducación, educación-transgresión, infracción-restauración…— Pero. (Ver el capítulo Instrucciones para prescindir de las instrucciones, de mi libro Una revolución sutil).