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Incorporación


Fotograma de la película "The pillow book", de Peter Greenaway



El pensamiento en forma de lista tiene un antes y un después de Sei Shonagon. En el año 1000 de la era común, esa cortesana japonesa destruye las taxonomías e inaugura (o al menos lleva al paroxismo) un hábito que Borges retomará en su cuento El idioma analítico de John Wilkins: el de enumerar cosas que no podrían cohabitar en estantes, ni siquiera en categorías de pensamiento.


Por momentos siento que todo es una lista. Rutinas, obligaciones, modos del placer... Tranquiliza enumerar. Existe un software de gestión de vida cuyo eslogan fue en un momento "make lists, not war". Puedo entender por qué.


Enumero visiones y las palabras que las acompañan, que se vuelven pensamientos: Spinoza transfeminista. Potnia Theron. Un mix. Blindémonos. Pero salgamos a buscar. Salgam... Vladimir, Italy. Tres espadas cruzadas. Un mundo de batallas. El ensueño que penoso se arrastra. Por qué no decirle pesadilla. Manos que se acarician. Una mujer atrás de un vidrio empañado...


Salgo de la bidimensión de la pantalla y hago algunos movimientos. Los inputs que mi cuerpo trae intercalan silencios entre los significados, complejizan y perplejizan. Puedo incluir en mi lista de tareas "hacer algo con el cuerpo". Pero lo que descubro con cierta turbación es que ese ítem suena tan paradójico como una idea borgiana: ¿cómo se podría hacer algo sin el cuerpo?


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