Excesos


Fotograma del videojuego Never alone



Se desprende una miga y la levanto. Cae un pelo y lo recojo. Uso un plato y lo lavo. No permito que nada se acumule. Pienso que así ahorro trabajo. Pero el lado b de ese comportamiento es el fanatismo que lleva al sinsentido del desperdicio: lavo la cuchara al terminar de cocinar, cuchara que tendré que volver a usar para servirme.

Mientras realizo cualquier tarea voy recogiendo los restos, limpiando. Corro serios riesgos: ya me encontré limpiando algo antes de usarlo, ordenando antes de desordenar en un palíndromo que termina nuevamente en orden. ¿Para qué tanto trabajo? Cualquier situación de caos te cura del exceso: tener hijes, viajar, cuidar la salud fragilizada de alguien o la propia. Las llamo situaciones austerizantes, cuando lo que sobra tiende a recortarse.

Exceso de orden, exceso de limpieza, exceso de preocupaciones. Un poco es necesario y agradable. ¿Qué pasa si no está ni siquiera ese poco, si la suciedad y el desorden nos cubren? Me gusta la pregunta porque, si bien me incomoda, me doy cuenta de que, hasta cierto nivel, no pasa nada. Nada relevante. El caos sobreviene sólo a partir del punto en que el desorden no te permite encontrar las cosas, o la suciedad te da alergia.

Hasta llegar a ese límite hay una franja de penumbra*, en la que nuestra vida transcurre sin ser perturbada y liberamos un tiempo extra que normalmente hubiéramos gastado en recoger un pelo del piso, o en rescatar una miga que podría ser barrida pasado mañana, junto a todas las otras que eventualmente vayamos produciendo.

La penumbra tiene sus encantos: el contorno de las cosas se vuelve aterciopelado, los bordes se suavizan, las sombras dan espacio a la imaginación…, luz y pulcritud están definitivamente relacionados. Aunque me encante tener los archivos en las carpetas correspondientes, me propongo perder menos tiempo y usar más el buscador.

*Originalmente había escrito “semipenumbra”, pero mi correctora Diana Raschelli me hizo notar que, si bien la palabra se usa, “penumbra” se forma por la unión de dos palabras: “paene”, un adverbio del latín que quiere decir “casi” y “umbra” que es “sombra”, por lo tanto ya tiene implícito lo mediano, lo aproximado, lo dudoso. Semipenumbra, ¿sería equivalente a la mitad de la mitad de una sombra…?