¿Estás sola?


Teresa Díez, siglo XIV. Único fragmento conservado de una pintura mural con su firma.



Dos lucecitas azules bailan en la oscuridad. Yo me muevo con el ritmo de la música, mis auriculares suenan y brillan como dos pequeños ojos azules en la habitación en penumbra. En la ventana no se refleja mi cuerpo, apenas los dos puntos danzantes, los ojos de un robot.

Mis movimientos pueden ser ondulantes, geométricos, más o menos desenfrenados, pero el robot tiene su movimiento paralelo. Me acompaña porque está adosado a mi cuello y orejas, pero claramente hay cosas que le afectan y otras que no: mis pies pueden embarcarse en una carrera alocada, pero los ojos brillantes, demasiado separados para ser humanos, apenas se mueven en el espacio. Cuando balanceo el torso o los hombros, se contagian un poco más. Cuando inclino la cabeza, la sintonía es total y puedo apreciar en el reflejo las reacciones de mi pareja de baile.

Puedo (tengo que) bailar hasta muy tarde. O caminar kilómetros. O disolverme en el vacío del cuarto hasta ser una con mis herramientas, mejor dicho hasta olvidarme de quién manda y quién sirve. Soy capaz de entregarme, de ser danzada por la música, tipeada por esta máquina, puedo ser la pareja de baile de un ser que solo tiene dos ojos demasiado separados… Existen otros modos de vida, aparte de ON /OFF.