Cosas necesarias


Mosaico romano de las Tres Gracias


Hay muchas personas que hoy enseñan a amar de una forma distinta. A salir del embudo del amor de pareja. A tener otros amores tanto más fuertes por ser también más resistentes a la decepción, al engaño y hasta al aburrimiento: no pedimos a nuestros amigos que nuestros encuentros sean siempre mágicos. Aun así, algunes nos brindan eso.


¿Es más fuerte el amor con sexualidad manifiesta que el amor con sexualidad latente? ¿Es más fuerte el amor a un hije que a un amigue? ¿El amor a quien nos acompaña todos los días trabajando codo a codo es más débil que el que sentimos por algunas personas que forman parte de nuestra familia consanguínea, con quienes no tenemos contacto frecuente? No existe una respuesta que funcione para todos los casos.


A mí me enseñó DeRose a desconfiar de los rótulos. Sin embargo, es evidente que a veces nuestro mundo los demanda. Sin llegar al extremo de la obligación de declarar si soy soltera o casada en un aeropuerto, muchas veces me vi en la necesidad de encajar un vínculo en una casilla. Y no hay problema: entiendo que las etiquetas explicitan unos derechos y obligaciones que pueden ser tranquilizadores. Paciencia.

¿Cómo se empieza? Sumando porque sí. Creando el encuentro aunque sea carente de sentido para el otre. Dando primero, dando más de lo que se espera sin pretender algo a cambio. Eso crea nuevos parentescos (Donna Haraway propone: make kin, not babies). Y estos vínculos que se estrenan fuera de las categorías habituales integran redes de abundante felicidad, aunque se corre el riesgo de no apreciarla por estar siempre esperándola en los lugares conocidos, como la clásica pareja afectiva o el núcleo familiar.


Estamos en pandemia. Veámonos al aire libre. Hablemos por teléfono. El teléfono de línea permite hablar al unísono, reírse por encima de lo que la otra persona está diciendo… Estas cosas pueden eventualmente ser necesarias.