Apuntes de la infinitena


De Anton Koberger - Biblia (German)



El árbol de la ciencia da unos frutos medio pasados. Cuando entendiste, ya pasó su hora. El árbol de la filosofía da unos frutos verdes. Los tenés ahí pero todavía no los podés comer. Mientras esperás a que maduren, te comés los frutos del entretenimiento, que están siempre en su punto justo. Hay riesgo de empacharse.

Los frutos del arte ni siquiera parecen comestibles, algunas personas te advierten que son insulsos, otras que son como maná en el desierto. No hay acuerdo en este punto.


Cuando todo suena alrededor se hace necesario crear un manto sonoro también, tu propia emisión, que funciona como escudo y como evidencia de que existís. Sobre el ruido podés inscribir tus notas particulares, como un escalón al que te subís para proyectar mejor la voz.

Con tu ruido personal podés proteger tus oídos de los sonidos de afuera, rudimentario aunque efectivo encubridor de lo externo que procede por competencia: si lográs que tu zumbido sea más fuerte que todo lo que grita alrededor, tal vez consigas aislarte un poco y producir.


Cuando estoy aburrida me cuido mucho de entrar en contacto. Hay personas a las que puedo acudir, una o dos, y es porque en su presencia mi hastío muta hacia otro estado. Cuando no estoy segura de si surtirá efecto encontrarme para disipar el tedio con otres, prefiero resolverlo en soledad, aunque eso signifique irme a dormir con esa pesadez. Y es que el aburrimiento puede contagiar.