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Adicción





Afiches cinematográficos: un pecho abierto con bisturí del que brotan pastillitas de colores. Lágrimas como perlas como pepitas de plata. Carcajadas cristalinas con hileras de dientes al aire. Un arma en la mano del justiciero. Adicción no condenada: consumir sentimientos.


Un crescendo que pide más y más “emociones fuertes”. Cuanto más te alimentás de ellas, más necesidad tenés de abastecerte. Son emociones que dejan resaca, cuya fuerza crepuscular te voltea al día siguiente. Y en esos días te gustaría parar el mundo porque parece imposible no sentirlo. Claro que de nada de esto te enterás hasta que algo invisible te impide salir de la cama.


En el ayuno de sentimientos brotan otros, menos prepotentes en su presencia, desconocidos y hasta desdeñados por su sutileza casi anodina, y que ameritan aguzar la atención para ser vivenciados. Si llegás con pasos sonoros se escurren como lagartijas; la percepción demanda un cierto silencio, luz tenue y tiempo. Y solo entonces es posible que encuentres la novedad agazapada en un rincón, la que hasta ese momento solo te había asaltado después de un gran estruendo.



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