Inundación


Sin título, de Liliana Porter

Salgo a tomar un poco de aire. En estos días estoy tan sumergida que me siento un buzo, con traje y todo. A veces me lo saco para caminar por la calle, a fin de que otras personas no sospechen la anormalidad. Otras, solo me saco la escafandra, pero las patas de rana siguen haciendo ruidos raros cuando camino por las calles desiertas de Buenos Aires en cuarentena.

Tomo unas bocanadas de aire y vuelvo a sumergirme. Una piel se rasgó y apareció un mundo, una multitud de seres expresándose, reclamando, sollozando, palpitando. Mi perplejidad ante esta visión repentina no tiene tiempo para manifestarse: tendría que haber puesto manos a la obra ayer, pero no lo hice y hoy me toca resolver un par de problemas extra.

Como ayer no me ocupé de cerrar la canilla, hoy me levanté con el agua hasta los tobillos. You have to focus, le dice Morpheus a Trinity en Matrix, antes de que ella se mande a dar unas cuantas vueltas por el aire esquivando disparos. Yo me digo lo mismo mirando la inundación. Entonces voy y cierro la canilla, primero lo primero. Después me pongo a buscar trapos, palanganas, caloventores, a fin de restituir la parca dignidad de mi piso de madera inundado. No va a quedar como antes, eso es un hecho.

Mientras me aplico con dedicación a estas tareas, intentando hacer malabares con las demás faenas cotidianas, alguien que no está acá conmigo secando el piso me llama por teléfono y me pregunta cuánto falta para que todo quede mejor que antes. Yo escucho, le abro de par en par la invitación a sumarse a la actividad con su energía, trapos y caloventores, y me pregunto qué habría respondido Trinity en mi lugar.