La llave


Paneles clasificatorios de polvo, Yael Barcesat, 1998

¿Voy al caos o voy al orden? Vivir, producir, disfrutar… todo puede volverse trabajoso, una labor rigurosa y exigida, o puede ser puro juego. Jugar a que escribo, jugar a que trabajo, jugar a que estudio seriamente un tema. A veces me siento una impostora, me vienen las culpas del sentido común, “la vida tiene que ser algo más serio que ese juego”.

En un pasado muy remoto empecé a preguntarme sobre la proveniencia del polvo. Usé varios métodos de clasificación para descubrir qué compone esa materia omnipresente y mixta, que aparece en nuestro imaginario asociada al descuido y al desuso.

(Hoy en día pasamos casi todo el tiempo en casa. El polvo cotidiano se junta aunque limpiemos rigurosamente, incluso dejando fuera nuestros zapatos. No nos preocupa el polvo sino el virus, pero de alguna forma están relacionados: los corpúsculos vienen del exterior, y ese exterior es amenazante.)

Llegué a identificar muchos tipos de polvo, jugando a poner orden en el caos. Mi deleite era encontrar categorías, analizar los componentes, inventar formas de recolección y clasificación. Escribí en ese momento: descifrar un código que adquiere validez a partir de la elección, es decir, jugársela por la invención más que por el descubrimiento. Crear un cosmos particular, una ordenación posible entre miles, en vez de aspirar a la correcta, a la combinación que abre el cofre. En mi pensamiento el cofre está abierto a cualquier llave, siempre que se haya invertido pasión y perseverancia en la limadura de sus asperezas.