Signo de los tiempos


Sello postal: flor del clavel del aire

Sumamente leve y no exento de belleza, no necesita suelo. Absorbe lo que necesita del aire, pequeñas partículas que flotan en la atmósfera le sirven de alimento. Me gusta imaginar el origen de ese polvo: el excremento de un insecto, un pedacito de ala, la tierra de las macetas urbanas arrastrada por el viento, la ceniza de un cigarrillo, la caspa… y que todo ese rejunte sea alimenticio para cierto ser, habitante de las alturas, colgante y que incluso sabe dar a luz una flor.

El clavel del aire no migra, pero da la impresión de apegarse lo menos posible al elemento que aferra. Me pregunto cuál es la necesidad de agarrarse, en la wikipedia dice que usa sus raíces como anclaje. Y esa palabra me hace pensar en puerto, y un puerto me hace pensar en muchos otros, y en amantes desparramados por el mundo. Pero no, el clavel del aire se ancla y se queda ahí, aunque parezca que en cualquier momento podría levantar vuelo.

No parasita su entorno, si bien podría pensarse que ocupa un espacio ajeno. No toma nada de quienes le rodean, se conforma con lo que entra en contacto con sus hojas. Un buen día alguien lo descubre: es distinto a las otras formas vegetales entre las que crece. Si tiene un pimpollo se le perdona la vida; si no, se descarta esa seudo-planta que tiene las hojas de color grisáceo, no se valoriza la transformación que opera a partir de un poco de polvo, sol y lluvia.

Tal vez por no crecer en la tierra, no recibe jamás nuestro riego ni nuestros cuidados. No es que lo necesite, pero me pregunto qué frutos daría un clavel del aire adoptado.