Matriarcalizando las fábulas


María María Acha-Kutscher | 365 días

-¿Qué hacías durante el verano? -le preguntó a la pedigüeña. -Día y noche, a quien me encontraba le cantaba, no te disgustes. -¿Le cantabas? Me alegro. ¡Pues bien, baila ahora!

Jean de La Fontaine (1621-1695)

Esta respuesta escuchó la cigarra cuando le fue a pedir comida a la hormiga, que había trabajado diligentemente todo el invierno para hacer acopio de alimentos. Incomodidad indefinible al escuchar esta fábula. Pero voy a hacer lo posible para ponerla en palabras.

No me imagino una vida sin canto y sin baile. Y estos alimentos, tan preciados como el trigo tierno que las hormigas guardan, no se pueden almacenar. Al igual que el amor, la inspiración, la libertad…

Esopo, a quien se atribuye esta fábula, escribió unos cinco o seis siglos antes de la era común (Jean de La Fontaine la volvió a escribir mucho después), pero los mensajes que nos inundan hoy siguen esa misma lógica, encarnada en el sistema jubilatorio, en las propuestas bancarias de ahorro y endeudamiento, en las compañías aseguradoras… “Trabajá duro y después, mucho después, obtené una recompensa. Y felicitate cuando te encuentres con una persona que se divirtió mientras vos te arremangabas, y tenés la oportunidad de negarte a compartir con ella tus frutos.”

Triste enseñanza para las generaciones futuras. Me atrevo reescribirla, desde un punto de vista matriarcal:

-¿Qué hacías durante el verano? -le preguntó la hormiga a la cigarra. -Día y noche, a quien me encontraba le cantaba, no te disgustes. -¿Cómo voy a disgustarme? Justo estaba pensando en que nos vendría muy bien escuchar un poco de música mientras llevamos a cabo nuestras tareas. Tal vez, incluso, podamos bailar juntas.