La falacia de la productividad

July 13, 2019

 

 

Carrera de coches, de Giacomo Balla 

 

En el pasado, alguna gente mantenía una correspondencia voluminosa. La comunicación epistolar en tiempos celulares cambió, pero no murió. Solo hay que disponer de cierto tiempo mental para cultivarla. Desde hace unos años nacieron los audios. ¿Será que en uno o dos años va a salir el primer compendio de audios con las conversaciones que mantenían, por ejemplo, una artista y un filósofo? 

 

Cosas interesantes del audio: no podés corregir una palabra o una oración, de última tenés que renunciar a todo lo que grabaste. Compiten el perfeccionismo y el tiempo, dos gigantes que puestos a trabajar juntos siempre dan a luz seres sorprendentes. En el audio extenso, de más de dos minutos, se ven la hilacha, el titubeo, la distracción, la búsqueda del meollo.

 

Antes existían unos grabadores en miniatura que servían para dictar. Mi abuelo tenía uno de esos, no sé si alguna vez lo usó para pensar en voz alta en vez de pensar escribiendo. Todos los días, mi abuelo disponía de una buena dosis de tiempo libre, entre la siesta y la cena, por lo menos unas cuatro horas de pensar, leer, escribir, tal vez grabar apuntes orales. No sé si alguna vez la productividad fue una de sus preocupaciones. Sin duda tenía conciencia de la urgencia de dejar obra, pero sus ansiedades no lo llevaban a quedarse más allá del mediodía en su taller, o a eliminar la siesta que seguramente rendía sus inspiraciones posteriores. 

 

Es posible que la generación de mi abuelo no haya estado tan pendiente de la productividad. Deben haber invertido todo tipo de esfuerzos para sostener a la familia, abnegadas y abnegados trabajadores, pero la cosa en algún momento alcanzaba su límite.

 

La exigencia de productividad insaciable es agotadora. No solo en el sentido del cansancio físico que produce, sino también agotadora de las reservas que al entrar en combustión producen las grandes inspiraciones. Producís, obtenés un resultado material, te secás un poco, te alejás otro poco, eventualmente te aburrís y un día cualquiera estás al lado del abismo del sinsentido. 

 

La falacia de la productividad consiste en asumir que los resultados materiales suplen ese vacío de sentido. Paradójicamente, tal vez haya que disponer de espacio vacío, y atravesarlo para encontrar sentido, aunque parezca que el desierto es infinito. 

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