Impregnación por sintonía

March 23, 2019

Box de Ron Pippin 

 

 

Para el pensamiento occidental, la no distinción entre sujeto y objeto pone en duda el conocimiento. Todo el tiempo intentamos ponernos afuera para entender. Eso supone una dificultad extra al analizar la naturaleza y el universo, porque se da por sentada la posibilidad de mirar objetivamente, cuando lo cierto es que toda medición afecta al experimento y a quien lo conduce. En las filosofías más antiguas de Oriente, se considera mejor el conocimiento directo, que se obtiene cuando hay una fusión entre el observador, el objeto observado y el acto de observar. Se trata de un conocimiento por identificación. Según este punto de vista, si yo quiero aprender de alguien, tengo que estar cerca de esa persona, lo más cerca posible.

 

Hay algo personal en la relación de aprendizaje. Podemos ignorar esa relación especial que se da entre le maestre y le discípule o usarla a favor de la evolución. Cuando alguien pregunta cómo se aprenden los conceptos que enseño desde hace años, respondo que es a través de la impregnación por sintonía, que sólo se da cuando hay confianza, cuando hay una identificación profunda y, en cierta medida, una falta de objetividad. Por eso nuestras escuelas son como casas y las clases teóricas como charlas, en general alrededor de una mesa, mirándonos las caras. 

 

¿Y si lo personal se vuelve dispersivo, si nubla la claridad de la transmisión? En nuestra visión, el envase y el contenido van juntos. El trabajo sobre la asimilación del contenido necesariamente va ligado al perfeccionamiento de la forma en que ese proceso de aprendizaje se produce. Y si llegan a presentarse obstáculos, el arte de atravesarlos, rodearlos, esquivarlos, treparlos… es parte del desafío de evolucionar.

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