Decir cómo sos resulta tentador, sobre todo porque terminás definiendo al que querés ser.  Toda vez que leo autodefiniciones me sorprende la capacidad de los que se describen de apresarse en un comportamiento, de encajar enteros en un adjetivo. Y doy por sentado que entran perfectamente porque si algo llega a sobrar, el mundo se va a encargar de exponer la incoherencia entre lo dicho y lo hecho, y eso no es de lo más agradable.

 

A mí no me sale. Toda vez que intento decir “soy esto, soy aquello” me viene la duda de si no soy también otra cosa. No exactamente lo opuesto, pero sí algo parecido que sale de las fronteras que las palabras necesariamente trazan.

 

Nos encantan las certezas, los pronósticos que aciertan. Pero si lo pienso dos veces me doy cuenta de que en la mayor parte de los casos sólo registramos las previsiones fallidas, los desaciertos y las incertezas. Cuando algo se dice y se hace queda perdido en la aceptación de lo que debería ser común y corriente, aunque no lo sea. Por eso me gusta cuidar esa perla de coherencia, no la arriesgo por el placer momentáneo de encajar en un molde.


Lo que sí me va es contar qué me gusta. Decir “esto me gusta, aquello no” me hace sentir soberana de la certeza, y en ese terreno de las preferencias todo fluye de manera más clara. Esta página contiene una selección de cosas a las que me dedico, que me gustan, entre otras, entre las que fueron y las que vendrán de aquí en adelante.