Confundir los méritos con los privilegios


Deer´s skull with pedernal, de Giorgia O´Keefe



Nacer en un hogar de clase media con madre y padre que dieron contención y apoyo financiero hasta pasados los veintitantos años puede ser equivalente a independizarse por iniciativa propia a los veintitrés. Pero no.

Tener alrededor un terreno fértil de pensamiento que favorezca las opciones diversas puede ser confundido con elegir contracorriente no cursar estudios terciarios, cuando la mayoría lo hizo. Pero no.

Encontrar un espacio en que se aliente a abrir los sentidos a las finanzas en combinación con el ejercicio de la docencia puede interpretarse como espíritu emprendedor. Pero no.

Abrir la puerta a otra cosa cuando se está en un espacio que tiene cantidad de aberturas en las paredes puede ser visto por quien mira a la ligera como atravesar muros mágicamente. Pero no.

Entonces, ¿nada hice? En efecto, nada hice. Todo lo hicimos. Los méritos parecieran propios, los privilegios son heredados. ¿Qué no es heredado?¿Qué condiciones se generan a partir de esa herencia para que quienes nos sucedan puedan desarrollar algo que llamamos mérito?

Tal vez ese sea el mérito de una generación: preparar el terreno para quienes vienen, hacer espacio, configurarlo todo de modo tal que pueda ser reconfigurado.