Matriarcalizando las fábulas

December 7, 2019

María María Acha-Kutscher | 365 días

 

 

 

-¿Qué hacías durante el verano?
-le preguntó a la pedigüeña.
-Día y noche, a quien me encontraba
le cantaba, no te disgustes.
-¿Le cantabas? Me alegro.
¡Pues bien, baila ahora!

Jean de La Fontaine (1621-1695)

 

 

Esta respuesta escuchó la cigarra cuando le fue a pedir comida a la hormiga, que había trabajado diligentemente todo el invierno para hacer acopio de alimentos. Incomodidad indefinible al escuchar esta fábula. Pero voy a hacer lo posible para ponerla en palabras. 

 

No me imagino una vida sin canto y sin baile. Y estos alimentos, tan preciados como el trigo tierno que las hormigas guardan, no se pueden almacenar. Al igual que el amor, la inspiración, la libertad… 

 

Esopo, a quien se atribuye esta fábula, escribió unos cinco o seis siglos antes de la era común (Jean de La Fontaine la volvió a escribir mucho después), pero los mensajes que nos inundan hoy siguen esa misma lógica, encarnada en el sistema jubilatorio, en las propuestas bancarias de ahorro y endeudamiento, en las compañías aseguradoras… “Trabajá duro y después, mucho después, obtené una recompensa. Y felicitate cuando te encuentres con una persona que se divirtió mientras vos te arremangabas, y tenés la oportunidad de negarte a compartir con ella tus frutos.” 

 

Triste enseñanza para las generaciones futuras. Me atrevo reescribirla, desde un punto de vista matriarcal:

 

-¿Qué hacías durante el verano? -le preguntó la hormiga a la cigarra.
-Día y noche, a quien me encontraba le cantaba, no te disgustes.
-¿Cómo voy a disgustarme? Justo estaba pensando en que nos vendría muy bien escuchar un poco de música mientras llevamos a cabo nuestras tareas. Tal vez, incluso, podamos bailar juntas.

 

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