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Escribo. Todas las semanas. Al principio, la mayor parte de los textos parecían tener un único destinatario (las cosas que te decís escribiendo pueden ser sorprendentes); pero desde que empecé a compartirlos, se transformaron en punto de encuentro con el mundo.

Antiética

Tapa del disco Big Science, de Laurie Anderson Cuando conocí a mi futura pareja no entendía nada de su situación afectiva. ¿Tenía dos novias? ¿Tenía una novia y una amante que eran amigas? Me incomodaba no saber, ¿cuáles eran los códigos para comportarse correctamente en esa situación vincular atípica? Con el tiempo fui aprendiendo sin muchas palabras. Fui encontrándole la gracia a moverme de modo fluido entre los puntos de encaje, a quedarme a mitad de camino entre un rótulo y otro, a hacer equilibrio en el borde sin conquistar la estabilidad, cayendo a un lado y al otro, pero siempre volviendo a la cornisa, escapando deliberadamente al descanso. Eso fortaleció ciertos músculos. Rita Segato

Confusión de parentesco

Paralelogramo, de Stan Slutzky Mi familia no tenía su teléfono. Tuve que rastrearla. Después de una breve investigación caí en la cuenta de que ya tenía sus datos, pero nunca los había precisado. Nunca había establecido contacto con esa persona que durante por lo menos quince años me cuidó, con quien pasé probablemente más tiempo que con mi mamá. La vi pasar de ser una posadolescente malhumorada, enojada con un mundo que la había puesto en lugares ciertamente incómodos, a ser una lady en un cuerpo moreno y magro: siempre sonriente, amable, con el oído atento y un consejo germinando, entregado sin parsimonia pero recibido por mi parte con ineludibles chispazos de entendimiento. Cuando me iba

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