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Escribo. Todas las semanas. Al principio, la mayor parte de los textos parecían tener un único destinatario (las cosas que te decís escribiendo pueden ser sorprendentes); pero desde que empecé a compartirlos, se transformaron en punto de encuentro con el mundo.

El nombre

¿Cuándo aparece la necesidad de nombrar, las ganas de bautizar un objeto, un estado de ánimo o un ser? Me gusta cuando me llaman por mi nombre, pero algo muy distinto es inaugurar, decir por primera vez (¿inventarlo o descubrirlo?) el nombre de algo o alguien. No puedo imaginarme qué se siente, no tener nombre y pasar a tenerlo. Desde que tengo memoria me llamo de esta forma. Pero mi biblioteca no. Este conjunto de libros y muebles que llamo mi biblioteca ahora recibirá un nombre, que denomina un conjunto más complejo: los libros, los muebles y los contenidos que susurran cuando paseo la vista por los lomos de cada título. Todo lo que nace, crece y vive bajo el sol tiene nombre. Derridá tení

Será la adultez un invento?

Fotografía de brunitus.com Yo, como muchas personas, voy armando una recopilación de cosas diversas, objetos, textos, personas, cuya misión es recordarme con su sola presencia lo mágico de la existencia. Cuando era más chica pensaba que ese ejercicio era una tarea infinita; hoy pienso que, si bien extenso, tiene una dimensión acotada. Hace poco recuperé cuadernos de hace veinticinco años. Las cosas que subrayé y anoté de mis lecturas y experiencias de aquella época estaban en un lenguaje distinto, pero la sustancia era la misma. Lo que me intriga profundamente no cambió tanto. Leo algunos libros tantos años después y me sorprende seguir encontrando pepitas ocultas. Lo que permanece no es el

Tijeras y nudos marineros

Modestia marítima, de Felix Deon Es muy difícil para un títere ver los hilos que lo mueven. Pero una vez que los descubre, ahí viene lo más trabajoso. Con una torsión esdrújula distinguís la línea que nace en tu piel y sube hacia más allá del alcance de tu mirada, se pierde entre las nubes antes de que puedas identificar su origen. Parece imposible que ese fino cable tenga algún poder, que produzca algún efecto. Más bien te tienta creer que vos movés esos hilos, y para probarlo te ponés a jugar con ellos: los acariciás como quien toca un arpa, girás en círculos, das una voltereta en el aire y después te abocás a deshacer el enredo. Hasta les acercás un tijera y…pero no, tanto como eso no. Vo

Polaroid de domingo

Polaroid de Andrei Tarkovsky Apagar el celular, desoir el llamado. Mirar la gente que pasa por la calle, con barbijos de todos colores. Mirar el jardín colgante y pensar que tengo que hacer arreglos en este jardín. Estirar el mentón hacia un sol tímido, mentalizar que sale. Postergar el momento de empezar a tomar mate. Postergar, así, el momento de parar. Sentir cierta culpa por no haber hecho la clase de danza. Y también por las pesadillas, una responsabilidad por soñar que me despertaba a escribir, y no tener la compu, y no encontrar el celu, y tener que bañarme y salir por la ventana de mi departamento hacia la ducha de un vecino, sin que la mía haya dejado de funcionar… Hoy es un día en

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