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Escribo. Todas las semanas. Al principio, la mayor parte de los textos parecían tener un único destinatario (las cosas que te decís escribiendo pueden ser sorprendentes); pero desde que empecé a compartirlos, se transformaron en punto de encuentro con el mundo.

Aunque tengas razón

Ave auxiliar, de Pedro Ruiz Si te invito y declinás, todo está claro. Si te invito y aceptás, pero me dejás plantada, me queda la duda. Por eso te invito otra vez, con la idea de descubrir si querés o no, y vos podés declinar, aceptar o repetir la dosis. Cualquiera de las alternativas me parece definitoria, me hace tomar decisiones. Vos tomás también tus propias decisiones y podés replicar con una invitación inesperada aun después de haberme plantado dos veces, pero yo ya sé a lo que me expongo, entonces puedo elegir quererte igual, o no. Cuando la invitación es portadora de un reclamo, un resentimiento previo por las invitaciones rechazadas, se vuelve un expulsor automático. Si en cambio se

Susurros del mundo

Morpheus Hotel, de Zaha Hadid Architects Me pongo a hablar de algo que no entiendo, desde un primer momento. Intento apresarlo con palabras y delimitarlo, pero sabiendo de antemano lo restrictivo de este proceso y lo empobrecedor que puede resultar. Al mismo tiempo adivino que se trata de la única fuente verdadera de mis escritos, de mis ideas, de mis palabras. Cualquier otro punto de partida está muerto de antemano. ¿De qué sirve escribir sobre lo que se tiene claro, decir lo que se piensa, lo que todes saben que vos pensás? Es como acariciar al gato que vive en tu casa, que no tiene a dónde ir, que no está con vos por elección (aunque tal vez sí, finalmente, por cansancio). El cariño garan

Fantasías en cuarentena

Instalación En órbita, de Tomás Saraceno Hay una red que se tiende entre quien fantasea y su objeto de fantasía. El objeto fantaseado percibe esas emanaciones mentales, corporales, emocionales, y puede corresponder a su manera, incluso sin ningún contacto físico. Hay un tráfico de información que viaja y activa procesos, produce endorfinas, calor, movimiento. ¿Es posible atender a este proceso sin la ansiedad de concretar un contacto físico? Gran pregunta en tiempos de confinamiento. El erotismo como fuerza subyacente de todo lo que motorizamos, la fantasía como emisario de esa pulsión, pueden ser el néctar de cada encuentro o el dedo que tortura una y otra vez la misma llaga. Y esto se debe

Capas de culpa

100 fotos tomadas en el tiempo por Nobuhiro Nakanishi El barrio se puebla de cánticos a la mañana y al atardecer, porque los templos jasídicos funcionan ahora a cielo abierto. Los hombres salen a sus parcos balcones, se balancean de adelante hacia atrás; siempre parecen estar mirando a alguien, y cuando se vuelven hacia mí me pregunto si me ven, si me apuntan con sus oraciones. La actividad vuelve poco a poco a las calles, se escuchan más autos y menos voces. Hace un par de semanas daba para oír la conversación de un balcón a otro, el portero saludando a la vecina. Ya las voces fueron tapadas por los motores, salvo las de los que dirigen el rezo. Sus salmodias se elevan entre un camión y otr

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