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Escribo. Todas las semanas. Al principio, la mayor parte de los textos parecían tener un único destinatario (las cosas que te decís escribiendo pueden ser sorprendentes); pero desde que empecé a compartirlos, se transformaron en punto de encuentro con el mundo.

Vulnerabilidad

Jaulas suspendidas en Sidney La sensación de vulnerabilidad nos mueve a protegernos. Y ese movimiento puede ser negativo, como un repliegue, con miedo, o positivo, construir algo, dar origen. El sentimiento de base es “no puedo permitir que este tiempo se me escape entre los dedos, que esta inminencia de un peligro sea desperdiciada”. En esta hora, lo cotidiano tiene una presencia soberana. Los rituales y protocolos del aseo, la necesidad del orden, el cuidado del espacio devenido improvisadamente estudio de TV van apilando los minutos del día en una torre que amenaza con rascar el infinito. Sólo sobrellevo esta súbita relevancia de las tareas domésticas porque existe en contrapartida el sen

Cuerda más floja

Imagen del espectáculo Wayra, de Fuerza bruta Por momentos, el ansia de imprimir una huella en el mundo no me deja tiempo para escuchar, para recibir, para apreciar o dejarme afectar. No creas que no me doy cuenta, sólo espero que baje la temperatura, porque mientras permanezca en el punto de ebullición nada podrá interponerse, es inútil. Es como un tanque que necesita vaciarse, un orgasmo que quiere llegar, ¿a dónde? Y entonces hay un atropello, que es lo que sucede cuando se corre con los sentidos cerrados hacia afuera. El ansia de ahorrar tiempo mueve a economizar la conexión con el entorno, para que el tráfico de datos no sea tan abrumador. Pero si ese ajuste económico aprieta demasiado,

No volver a la normalidad II

Terraza del Palau güell Esta terraza austera, de paredes blancas y piso verde recién pintados, me recuerda misteriosamente a las casas de Gaudí, en Barcelona, adornadas por chimeneas y torres recubiertas de un collage de pedazos contundentes. Es rara la asociación, este espacio tan vacío con aquellos otros tan poblados. Gaudí combina como nadie lo redondo con lo anguloso, lo romo con lo puntiagudo. Los contornos de sus obras arquitectónicas pueden ser ondulados, pero hay una reminiscencia de las aristas en la textura que los recubre, como en la piel de una víbora. En estos días trato de sortear los obstáculos haciéndome curva, aunque la amenaza pueda erizar las púas, incitar al ángulo recto.

No volver a la normalidad

¿Qué va a quedar de esta cuarentena? Más que no poder volver a la normalidad, me aterraría una vuelta intrascendente a la inercia particular de nuestro mundo. Entonces quiero listar lo que estoy aprendiendo, quiero decirme que nunca nada puede ser igual que antes. Va el listado: Los espacios físicos tienen una personalidad, que puede cambiar tanto como una persona puede hacerlo. Más allá de la transformación de las cosas, el cambio de lugar de los objetos, la organización o lo contrario, los lugares registran lo que sucedió en ellos en su memoria (o nosotres lo imprimimos en la nuestra, que viene a ser lo mismo en este caso). Es posible reconfigurar esas conexiones, sólo hace falta generar

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