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Escribo. Todas las semanas. Al principio, la mayor parte de los textos parecían tener un único destinatario (las cosas que te decís escribiendo pueden ser sorprendentes); pero desde que empecé a compartirlos, se transformaron en punto de encuentro con el mundo.

Deja que tu sur decida*

Dedicado a Paul B. Preciado En vez de gustar del chocolate, gustar del cacao. En vez de querer la leche, cuidar a la vaca. En vez de elegir qué bando, desbandarse. En vez de casarse, socializarse. En vez de consumir, ser. En vez de delimitar el terreno, observar el suelo, descubrir las marcas de la tierra, trazar nuevas marcas en diálogo con otros seres vivientes, desdibujarlas y empezar todo otra vez. En vez de dar por sentado, preguntar lo impreguntable. En vez de definirse, sorprenderse. En vez de tomar partido, convocar al juego. En vez de pedir, hacer. En vez de esperar, dar. En vez de mirar, poner las manos en la masa. En vez de aprender, enseñar. En vez de conducir, ir junto. En vez d

Pensamientos random

Fotograma de la película The king of Masks Qué es misión, qué es placer, qué es deber. Rótulos que pueden aplicarse a actividades intercambiables. Un día, despertarse es deber. Otro día, placer, o misión. Si todo es placer, somos niñes. Si todo es deber, somos viejes gastades. Si todo es misión, somos cómplices de algo más grande que nosotres. ………………………. Si me detengo a pensarlo demasiado, no avanzo, me quedo dando vueltas sobre mi eje, no logro mirar para ningún otro lado. Si convivo con la diferencia, la incertidumbre, lo que inquieta en el fondo del mar, si confío en la existencia de poderes que no son míos y actúan a mi alrededor (a favor de mis aspiraciones o en contra), si caigo en la

Dosis celular

Ilustración del Códice Martínez Compañón Hay gente que te ve con el celular y se preocupa. Más que preocuparse, te juzga. Para ellas, el uso del celular está penado. No se puede mirar impunemente el celular ante su presencia, se siente la desaprobación en el ambiente. El celular me recuerda la diferencia que hay entre cura y veneno: la dosis. Algo que puede aniquilarte en cantidades abundantes, en una dosis ínfima es un remedio homeopático. Hay personas adictas. El celular se vuelve la droga que calma la angustia de la inacción, adormece amablemente las inquietudes que todo el tiempo operan en el fondo y buscan asomar a la superficie. Necesidades y voluntades que, silenciadas a tiempo, en el

Desfamiliarizarse

Going and coming, de Norman Rockwell Hay conversaciones que me gustaría tener con vos y con vos y con vos, pero no se puede, así que las escribo. No es que no se pueda porque alguien se opone frontalmente. Pareciera ser mucho menos conflictivo que eso. Nadie se opone pero el velo de la normalidad se interpone. Una oposición frontal es más abordable, hasta por su visibilidad. Es fácil estar en contra de una fuerza que reprime. En este caso no hay una fuerza, más bien una inercia: si nunca hablamos en familia de algunas cosas que nos apasionan, ¿por qué vamos a hacerlo por primera vez ahora, después de tantos años de vínculo? Acunados por la normalidad vamos conversando apenas sobre los asunto

Antiexamen

Cuando surgen nuevos contenidos de enseñanza, crece también la necesidad de evaluar el aprendizaje. De la personalización de ese sistema dependerá su capacidad de motivar la asimilación de los conocimientos. No todo es evaluable a través de la escritura o de la presentación ante una banca examinadora. Y si este mecanismo se usa sin cuidado, puede engendrar lo opuesto de lo que se quiere: una frialdad en el trato de los contenidos, que produzca buenos resultados en la evaluación, pero que permita su descarte del patrimonio personal de conocimiento del evaluado ni bien termine el examen. Cuando me pregunto en qué contextos asimilé mejor un conocimiento, me recuerdo siendo interpelada, pregunta

Miedo a perder la magia

Leonora Carrington y Max Ernst Hoy soñé con vos. Los ojos te brillaban como antes. Me volvías a atraer. Me desperté preguntándome por qué estuve en tu ciudad y no te fui a visitar, qué extraña falta de ganas fue esa, justo cuando se podía. Y creo que fue el miedo a perder la magia. Volver a verte sin pasión, tener una conversación apacible y anodina, ponernos al tanto de lo que se ve de afuera de nuestras vidas me resultaba un insulto a nuestra historia, hecha de salvaje lucidez. Una historia fuera de los tiempos y lugares comunes, que pese a todo coexistía lo más bien con nuestros entornos y seres amades. Pensé que si podía evitar eso era mejor. Y ahora, con los ojos llenos de la sensación

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