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Escribo. Todas las semanas. Al principio, la mayor parte de los textos parecían tener un único destinatario (las cosas que te decís escribiendo pueden ser sorprendentes); pero desde que empecé a compartirlos, se transformaron en punto de encuentro con el mundo.

Lo subversivo que acaricia

Ilustración de Alice in wonderland, de Lewis Carroll Siempre te veo sonreír. Solés mantener tu sonrisa aún en los peores días, esos en que te acurrucás en el sillón con un libro y se nota tu fragilidad a una legua. Y tu sonrisa es siempre una puerta a lo que te pasa, nunca una veladura. Mientras decís lo más subversivo, me acariciás con tu sonrisa. Me explicás cómo sostener esa subversión, de manera sistemática y paciente, cómo vivir en ella, más como un ejercicio cotidiano que como algo que dura un tiempo definido hasta conseguir un resultado. No pensás jubilarte nunca de tu revolución sutil, y eso me inspira. Pienso en la mía, en mi revolución y en mis maneras de llevarla a cabo. Pienso en

En redondo

Estudio del cuerpo humano, de Francis Bacon Desensillo. Doy una vuelta en redondo buscando una pista y subo nuevamente. Avanzo un poquito más, oteo la distancia, espero y desespero, intento apretar los segundos para verte. Pero no hay señales de tu presencia, y el día parece eternizarse mientras se acaba. Sabés desaparecer. Y sobre todo sabés hacerte desear, sin malignidad aparente, apenas como un rasgo más de tu avara existencia. Digo avara porque no repartís lo tuyo, solo unas migajas llegan a los que tanto codiciamos una rebanada, por no decir todo el pedazo. Pero lo cierto es que anhelamos porque se nos canta. Te esperamos cuando deberíamos emprender nuevos rumbos, desistir de esta obsti

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