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Escribo. Todas las semanas. Al principio, la mayor parte de los textos parecían tener un único destinatario (las cosas que te decís escribiendo pueden ser sorprendentes); pero desde que empecé a compartirlos, se transformaron en punto de encuentro con el mundo.

Misión

The giantess, de Leonora Carrington Hay una rotación de ideas, pero no me engaño pensando que son nuevas. Son viejas y persistentes, andan rondándome desde siempre, algunas más en la superficie y otras tan profundo que parecen nacer de la nada, pero no me engaño, no. Soy casi pensada por ellas. Y soy hablada por ellas. Hablar en voz alta, hablar siempre que se pueda, no desperdiciar un momento regalado a la dispersión o a la inactividad, hablar con les que escuchan. Buscarles y reunirles primero, a eses que tienen oídos para estas palabras, que como dije no son mías, simplemente están acá conmigo. ¿Y después? Apenas (o tanto como) vivir.

Reglas al viento

Ilustración de Polly Nor Las reglas generan rechazo instantáneo, endurecen y achatan lo diverso. Hay que encontrar la forma de que sean autocumplidas, es decir, que sea tan evidente la conveniencia de observarlas, que no sea necesario ni siquiera enunciarlas. En ese sentido, la existencia de reglas es una confesión de fracaso en la misión de hacer comprender, con sutileza, la utilidad de hacer las cosas de determinada forma. Y esa derrota puede deberse a dos motivos: o no está clara la ventaja de actuar según la regla, o no la hay. En este último caso hay que volver al origen de la cuestión y arrancar de cuajo lo que no sirva. No sirve y encima genera oportunidades de desentendimiento entre

Rebote

Dame! de Francis Picabia Por qué me ignorás. Por qué no me lo decís directamente. ¿Cuántas veces te rechazaron en la vida? Si sos de esos afortunados a los que casi nunca han rechazado, no te imaginás lo bien que te vendría que alguien no quiera, o que no pueda, o que no esté. El rechazo es fuente de preguntas, de maquinaciones también, pero puede ser muy bien aprovechado para dos tareas: el autoestudio, que consiste en mirarte de afuera, descubrir cosas para mejorar; y el ejercicio de la humildad, que pone a prueba tu capacidad de actuar como vos querés aún en circunstancias adversas. Ante el rechazo tendemos a vengarnos, el orgullo insano aflora, nos mueve a la reacción aunque el que nos r

El antónimo de la obsolescencia

Rough sea, de William Turner Construidos para no durar. Las computadoras, pero también las sillas, las bibliotecas, los edificios. Los objetos que duran más de dos décadas son raros hoy. Más allá de su finalidad, que puede simplemente volverse obsoleta, como es el caso del reproductor de cds, hay una muerte prematura aun cuando la utilidad sigue en pie, como es el caso de los teléfonos. Digo prematura en relación con nuestras expectativas, pero perfectamente de acuerdo con las expectativas de los creadores. Eso se llama obsolescencia programada. Nos contagiamos del comportamiento de las cosas que nos rodean, y somos coartades en nuestra forma de relacionarnos por este afán de buscar lo nuevo

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