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Escribo. Todas las semanas. Al principio, la mayor parte de los textos parecían tener un único destinatario (las cosas que te decís escribiendo pueden ser sorprendentes); pero desde que empecé a compartirlos, se transformaron en punto de encuentro con el mundo.

Retorno

Gratticieli e tunnel, de Fortunato Depero No parece, pero estar en la naturaleza pega. La diferencia más notable sea, tal vez, el sonido de fondo. El considerablemente más bajo volumen del escenario auditivo. Y en ese contexto, se supone, todo lo que está afuera debería competir con desventaja, porque no hay que gritar tan fuerte para elevar la voz por encima del ruido. En teoría. También puede pasar que en las inmediaciones del silencio, el ruido universal revele su papel imprescindible como fuente de inspiración. Tu trabajo puede aparecer entonces como un diálogo con el mundo, y si el mundo se calla, el intercambio pierde sentido, o te sentís hablando sole ante espectadores invisibles. Muc

Sopesar

Fotograma de Naked lunch, de David Cronenberg Si te iniciaste en la escritura con teclado (de computador, de máquina…) sin tomar ningún curso para ello, ya lo sabés: primero se mira el teclado. Es difícil aprender a escribir sin mirarlo, al teclado. Te dicen y tenés la sensación de que lo ideal sería mirar la pantalla, pero es difícil porque no es lo inmediato. La pantalla es el mediano plazo, y el corto plazo por ahora lo es todo. Ergo, mirás el teclado, e incluso descubrís y corregís errores sin mirar la pantalla. Algunos. Después levantás la vista y la pantalla denuncia otras equivocaciones, pero nada grave, hacés rápidos toques y seguís adelante, la vista baja, la urgencia que apremia. E

La despiadada indiferencia

Der tiger, de Franz Marc Estas son las notas que me escribo a mí misma, como si me fuera dejando postits por ahí. Primero me aterraba la contradicción, después la repetición. Hoy en día, librada de esos temores (acertada o equivocadamente), apenas escribo y confío. Lo cierto es que los títulos no se repiten, que es lo que puedo corroborar fácilmente. Tampoco se contradicen. Es un misterio: ¿cómo y por qué? En los seres humanos, me sorprende la coherencia, cuando no es premeditada, más que cualquier otra cosa. ……………………………………… Voto por la libertad. Ante el dilema de permitir o no, voto por permitir. Voto por aprender ensuciándonos un poco con las manos en la masa, voto por buscar la madurez y

La abundancia

Acuarela de Li Shan Un amigo me visitó estos días. Él se fue a vivir a una isla entre los meandros del Río Negro, en la Patagonia. Un oasis de fertilidad en el desierto. Me contó de sus nogales y sus ciruelos. Me dijo que apenas termina el invierno, lo primero que nace de las ramas esqueléticas son las flores. Sólo flores, nada de hojas. Me dijo también que en las canaletas que sirven para el riego nacen plantas y que, si uno no usa venenos, se suma a la rutina de la primavera el recorrido de toda la extensión de esos conductos para arrancar las malezas que pueden interrumpir el paso del agua. Me contó que en la época de la cosecha, lo que hay que hacer es cosechar. Y que el invierno (creí e

Arrojo consentido

Foto de Hendrik Kerstens (que mi amiga Toia me compartió y me vino tan excelentemente para ilustrar esta nota) La moderación puede tener forma de arrojo, siempre que elijas el sentido en que querés arrojarte. Me encanta la osadía, pero hay que reconocer que te podés ir de boca al piso desde la cresta de la ola. Y duele un montón. Mucho peor si en tu caída atropellás a otres. Se puede maniobrar con la osadía, y eso para mí es moderación. En vez de combatir, maniobrar. Creo que puedo con eso, mantener la intensidad pero buscar otro sentido. (Es la segunda vez que escribo este artículo, por problemas técnicos. Y al hacerlo, me doy cuenta de que lanzo las conclusiones, pero me cuesta recrear mi

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