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Escribo. Todas las semanas. Al principio, la mayor parte de los textos parecían tener un único destinatario (las cosas que te decís escribiendo pueden ser sorprendentes); pero desde que empecé a compartirlos, se transformaron en punto de encuentro con el mundo.

Así está el cielo

Astrolabio planisférico Cuando estamos en lo mismo, pensamos en algo y sentimos de la misma forma. No sabemos con seguridad pero creemos entender que sí, que hay comunión, que somos parte de algo mayor. Y de pronto las individualidades asoman y lo que parecía homogéneo se vuelve diverso, no concordamos, nos apenamos un poco por eso. Cuando conocí a Mateo… (Puedo escribir cualquier cosa, los versos más tristes esta noche). Mateo me conoció a mí, antes que yo a él. Se presentó de una manera que no me permitió adivinar cómo él era. Elogió mis escritos, pero más que eso, me hizo sentir que tenían utilidad. Me hizo pensar en la utilidad de mis artículos, y tomar responsabilidad por lo que estaba

Compostaje emocional

Imagen extraída de http://createattack.blogspot.com/ El acto de sacar la basura implica sentir que existe afuera. Pensar que afuera es lejos y que es infinito. Es muy posible que no seas vos quien tira las colillas por la ventana, quien deja caer distraídamente la latita mientras camina. Pero aún cuidando el entorno material, vale la pena cavar más hondo e investigar qué hacés con ese residuo interno que no podés ver o tocar, pero que ciertamente produce resonancias varias a tu alrededor. Es impostergable desarrollar un trabajo de reciclaje interno. Compostar, airear, transmutar en abono lo que querrías tirar lejos y afuera; caer en la cuenta de que ese afuera no existe, porque vamos siempre

Fuerza natural

¿Hay motivos para la desesperación? respirá profundo, inflá tu panza como un globo mientras inspirás. Exhalá. Listo, no hay más motivos. No te lo creés, porque muchas veces te aferrás a la desesperación. No aceptás tan fácilmente que se vaya, que te abandone así como así, por una intervención apenas fisiológica. Subestimás el poder del cuerpo sobre la mente, y al mismo tiempo reconocés que si te duele la muela no podés pensar, no podés siquiera sentir otra cosa. Entonces no te resignás a que la desesperación retroceda con tan poco y la traés diligentemente de vuelta, con un pensamiento que se enrosca sobre sí mismo. Sólo que si en ese tiempo seguiste respirando, lo más factible es que el pro

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