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Escribo. Todas las semanas. Al principio, la mayor parte de los textos parecían tener un único destinatario (las cosas que te decís escribiendo pueden ser sorprendentes); pero desde que empecé a compartirlos, se transformaron en punto de encuentro con el mundo.

Desconocer los límites

Cutting edge art, de Cindy Chinn Escribir en el mar. Enseñar con poesía como herramienta. La revolución sutil transgrede sin romper. Decir cosas sin pretender que vistan bien en todos los cuerpos, y compartir esos trajes con otros a quienes les quepan. Llegar tangencialmente a temas a los que un abordaje directo haría retroceder, pero tocarlos indirectamente, con la suavidad de una pluma. Que casi no se sientan intimidados, aunque entremos con una legión a lo profundo del corazón salvaje. Claro que puedo hacer como si nada y apenas hablar de la acidez del café que me acompaña. Café ácido, mármol... En una década o en mil años esto será anecdótico. Me refiero a qué preciso mismo momento será

Tacto salvador

Una delgada línea separa el respeto a los propios deseos | del abandono de todo sentido. Un buen día te despertás sin ganas de salir de tu casa, y te permitís no salir. Total, podés hacerlo. Un día, no pasa nada. Te quedás en casa cocinando, dibujando, mirando películas, vacaciones en medio de la rutina. ¿Por qué no repetirlo? Pasa una semana, pasa un mes. Te asombra encontrar tanta riqueza en lo más simple, en las mínimas ocupaciones cotidianas. Todo es de lo más sorprendente, cada día es único y diferente a los demás: la hora de levantarte y de acostarte, la cantidad de comidas y las personas a las que elegís ver. La degustación de cada segundo se vuelve un regodeo. Pasa un poco más de un

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