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Escribo. Todas las semanas. Al principio, la mayor parte de los textos parecían tener un único destinatario (las cosas que te decís escribiendo pueden ser sorprendentes); pero desde que empecé a compartirlos, se transformaron en punto de encuentro con el mundo.

Sin tiempo para pensar

Mujeres-perro, de Renata Schussheim Él se levanta, cuida sus movimientos para no despertar al que duerme al lado, se baña para su propio bienestar y el de los que lo rodean, cruza la calle mirando a ambos lados y deja pasar un auto al que no le correspondía, porque tiene cara de estar en un apuro. Encuentra un anciano con bastón y lo acompaña hasta su casa, un chico le pide comida y se detiene a comprarle un sandwich. Nuestra elección de comportamiento está segura mientras tenemos tiempo. En general tenemos claro cuán disponibles, cuán generosos nos gustaría ser. El tema es cuando no hay tiempo, y hoy nunca nadie tiene tiempo. Ser lo más de lo más cuando uno tiene tiempo es como ensayar cami

El funámbulo en su salsa

Hacer equilibrio en la cuerda floja, esa es la situación ideal del funámbulo. Cuanto mayor sea el desafío, mayor la gratificación de mantenerse rodeado de aire, apenas con el apoyo de una línea que atraviesa transversalmente el pie. El equilibrista busca la tierra sólo para descansar unos instantes y volver a sentir la falta de apoyo, la inestabilidad que es también libertad de movimiento, flotación más allá de las capacidades comunes, atención redoblada en un instante que reúne mil instantes. La del funámbulo es una vocación particular. ¿Por qué optar por el riesgo, cuando se puede estar en tierra firme? Es distinto del médico o el soldado, que muchas veces eligen la profesión para salvar l

Esos seres inmensos

Collage de Marx Ernst Cuando arranco el día las palabras que me sale escribir son dulces como pasas de uva o graneros al sol. Lo opuesto son las balas de goma y los que gritan por altoparlantes a la mañana. Aturden. Saben hacer callar todas las demás voces. “…Entre Boulogne Sur mer y Ecuador”, anuncian los parlantes de una camioneta. Saco la mano del área de escritura de mi documento, y escribo en el aire, escribo un buen rato sin escribir nada, le doy a las teclas sin mirar la pantalla y después de un tiempo descubro que estuve tecleando en el vacío, arrojando palabras a un lugar del que nunca podrán ser rescatadas. Qué desperdicio. Paciencia, elijo seguir escribiendo de todos modos. Hincar

No entiendo

Lobster Buoy, de Elizabeth Fraser ¿Y por qué haría falta entender? Tal vez porque esa es nuestra característica eminente como especie, porque el pensamiento busca apresarlo todo, porque fuera del universo mental las cosas nos parecen amorfas, inciertas, inabarcables. Pero con esa actitud dejamos fuera de nuestro mundo inteligible la multitud de percepciones indecodificables en términos mentales. Existen. La ciencia adora pensar que todo puede ser pensado. Pero hay necesariamente una imposición de límites al aprehender el mundo con esa herramienta mental. No entender una obra de arte es el primer paso para abrir una compuerta hacia otro tipo de revelaciones; no entender los motivos detrás de

Fragilidad

Land art installations, de Cornelia Konrads Al principio no podía escribir cualquier día de la semana. No podía hacerlo si había otra persona en el mismo ambiente. Ni pensar en escribir escuchando música. La fragilidad de las cosas recién nacidas. Lo sorprendente para mí no fue tanto la existencia de estos requisitos sino lo mucho que tardaron en dejar de existir. Esperaba ver evolución en meses, en cambio fueron años. La fragilidad y los procesos de robustecimiento siempre me hacen pensar en la naturaleza. Me pregunto cómo hicimos para alejarnos tanto, para mirarnos con la mirada del que nunca fue ave o mar, para extrañarnos de que nos suceda lo mismo que al medio ambiente o a los otros com

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